Una mujer acaba en los tribunales después de una visita médica rutinaria

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Te partirás de risa cuando leas lo que te traemos hoy: Esta mujer se suponía que iba a una visita rutinaria al médico. Sin embargo, terminó en los tribunales. Esta es la historia cuyo final te dejará con una gran sonrisa en tu boca:

Una mujer fue a los tribunales tras atacar a un médico. Ella le dijo al juez, «Su señoría, soy culpable. ¡Pero hay circunstancias atenuantes! El juez la miró con cara de aburrimiento. «Cuénteme», le dijo irónicamente.

Una mujer acaba en los tribunales después de una visita médica rutinaria
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La mujer empezó, «Su Señoría, tenía una cita para hacerme una mamografía y la persona que que me atendió estaba muy nerviosa. Sonrió y me dijo, «¡Hola cariño! Me llamo Jessica. Ve a la sala 2, quítate la blusa y ponte esta bata. ¿De acuerdo? Yo pensé, «Madre mía Jessica, deberías dejar la cafeína.»

Entré, y me quedé medio desnuda junto a la máquina. Me di cuenta de que la habitación estaba muy fría. Intenté no tiritar cuando Jessica me dijo, «¿Podrías ponerte de puntillas» Vale, me puse de puntillas. «Casi lo tenemos, ¿puedes inclinarte un poco hacia delante cariño?» Me incliné. Y Jessica me dijo, «Apoya el pecho izquierdo en la plataforma, allá vamos.»

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La máquina fue apretando mi pecho izquierdo. Seguía de puntillas, inclinada hacia delante y tiritando. De repente Jessica me dijo, «¡Oh no! El ordenador se ha apagado. Aguanta.» Prácticamente grité, «No me vas a dejar aquí así, ¿verdad?» Sonrió de oreja a oreja y me dijo «No te preocupes cariño. Vuelvo enseguida. Todo estará bien. Manténte quieta.» Y se fue. Y no cerró la puerta al salir.

Lo próximo que recuerdo, fue que alguien entró y pensando que no había nadie, apagó la luz. Yo seguía de puntillas, inclinada hacia delante, con el pecho apretujado entre dos superficies de vidrio, el otro pecho al aire, tiritando, a oscuras, sola, y con la puerta abierta,

Un minuto después, alguien entró y encendió una linterna, quejándose para si mismo, «Qué pasa con la instalación eléctrica del ala nueva. Las luces no funcionan.» «No, ¡están bien! Estaban encendidas, lo que pasa que alguien las ha apagado.» Me apuntó con la linterna. Totalmente relajado. «Ah hola», me dijo, y se puso a mirar alrededor buscando el interruptor. Y buscó, y buscó…

«Por fin, le había dado al interruptor que no era,» me dijo, finalmente encontrando el interruptor y encendiendo la luz. Y se sentó en el ordenador.

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Un minuto más, y entró otro hombre. «Hola», me dijo, y empezó a discutir con el otro sobre problemas técnicos durante, literalmente, 5 minutos.

Seguían allí cuando volvió a entrar el médico. Ni siquiera me miró, simplemente sacó algo del cajón. Sólo cuando ya se iba a ir, me dijo «Alguien vendrá pronto a atenderte, ¿de acuerdo?» En ese momento entró una enfermera y le hizo una pregunta al médico. Mientras tanto, yo SEGUÍA de puntillas, inclinada, con la teta izquierda aplastada, la derecha al aire, tiritando y encima ahora, con espectadores.

La enfermera se marchó, el médico volvió, y los dos técnicos se giraron y me dijeron, «Ya funciona todo otra vez, ¡así que listo!» Y salieron de la sala sin cerrar la puerta. No se si he mencionado aún que mientras yo seguía allí medio desnuda y sola, y así estuve durante media hora más.

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Finalmente, Jessica volvió a entrar en la habitación. Entre una cosa y otra llevaba allí una hora. Siempre sonriente. «Ay querida. ¿Puedes creerte que me había olvidado por completo de ti y me había ido a comer? Pero bueno, mirémoslo por el lado bueno. Les ha dado tiempo a arreglar el monitor. ¿Por dónde íbamos…?

Y así, mi Señoría, es como su cabeza terminó entre las dos superficies de vidrio,» concluyó la mujer.

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Riendo a carcajadas, el juez dictaminó, «Caso cerrado.»

¡No dudes en compartirlo con todos tus amigos y sácales una sonrisa!

Imagen de portada: Visualonline