Una mujer fue detenida por agredir a la doctora que le realizaba una mamografía

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Estaba arreglando unos asuntos en el juzgado, cuando escuché a una chica que había sido arrestada por agredir a la doctora que le estaba realizando una mamografía decir “Señoría, soy culpable, pero hay circunstancias atenuantes que justifican mi reacción”. A la afirmación de la chica, la jueza respondió “me encantaría escuchar cuáles son esas circunstancias atenuantes…”. Yo estaba loca por saberlas también, por ello me quedé a escuchar la historia completa…

Public Domain Pictures
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“Señoría, tenía una cita para hacerme la mamografía. Me recibió una chica sonriente que inclinó su cabeza y me dijo “Hola soy Belinda, todo lo que tienes que hacer es entrar en este cuarto, desnudarte hasta la cintura y descalzarte, ¿todo claro?”

Belinda entonces comenzó a preparar la que sería la sala de los horrores.

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Empezó a examinarme y cuando terminó con el lado derecho, me giró hacia la izquierda y dijo literalmente: “¿Puedes ponerte de puntillas e inclinarte un poco para poder examinarte mejor?” “Vale”, respondí.

Estaba congelada, dolorida, sin aliento, mi cuerpo estaba desafiando la gravedad (con mi otro seno encajado entre esas dos piezas de 4 pulgadas de cristal cuadrado). Entonces escuché y sentí un chasquido.

¡La sala se quedó completamente a oscuras!

Belinda dirigiéndose a la puerta dijo “Mantenimiento está trabajando, quizás se han topado con un obstáculo.”

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Cuando vi que se alejaba de mí le dije “¡Disculpe! ¿No me dejará usted sola no?”

Belinda siguió su camino y me dijo: “Dejo la puerta abierta para que las luces de emergencia la alumbren. Enseguida vuelvo.”

Antes de que pudiese gritarle que no, ya se había ido. A los pocos minutos Bubba y Earl “los hombres de mantenimiento Extraordinaire” me encontraron semidesnuda con un pecho colgando y otro aplastado contra los cristales del mamógrafo.

Después de intercambiar un educado “Hola, ¿cómo va?” Bubba (o posiblemente Earl) me preguntó si sabía que se había ido la luz.

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Tratando de disimular mi histeria, intenté responder con toda la calma posible, “Uy sí, lo sabía, pero gracias de todos modos.” “Vale” me dijo Bubba y se despidió como si nada.

Dos horas más tarde, apareció Belinda con una tímida sonrisa. Sin hacer ningún intento de disimular su felicidad dijo, “Oh, lo siento mucho. La luz volvió y se me olvidó completamente que estabas aquí. Me fui a almorzar. ¿Está usted molesta?”

Y así, Señoría, es exactamente cómo la cabeza de Belinda terminó entre los cristales del mamógrafo.

La jueza apenas podía contener la risa cuando dijo “caso cerrado, es usted inocente”.

Desde luego que yo tampoco pude contener la risa, menuda historia más surrealista. No sabría qué hacer si me pasase a mí lo mismo.

¡Comparte esta historia con tus amigos para que todos se echen unas risas!


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