Una mujer felicita a un abuelo por el comportamiento que tuvo con su nieto. La respuesta del anciano no tiene precio

¿Recuerdas cuando aún eras pequeño? ¿Eras de los que lloraba sin parar? ¿Tuviste niñera o te cuidaron tus abuelos cuando tus padres no estaban en casa? Nadie puede negar el importante papel que desempeñan los abuelos en el cuidado de sus nietos. Son las primeras personas a las que unos padres recurren si no pueden cuidar de sus hijos.

Esto es así, cuando ya has criado a tus hijos y crees que podrás disfrutar de la vejez tranquilamente, aparece un nuevo miembro en la familia y te toca ser el canguro de turno. Existen muchos “tipos” de abuelos, están los cariñosos, los que lo consienten todo, los que se desentienden del tema, y los cascarrabias. Dependiendo del que te toque de pequeño, las tardes que pasas junto a él esperando la llegada de tus padres serán divertidas o todo un sufrimiento.

A continuación, te traemos una pequeña historia que trata exactamente de eso, del “calvario” al que muchos abuelos se ven obligados a soportar mientras cuidan a sus nietos.

Esta mujer le pregunta a un anciano cuál es el secreto para estar tan calmado ante el comportamiento de su nieto. La respuesta del anciano no tiene precio.

Una mujer se encontraba en el supermercado haciendo la compra cuando de repente observa un alboroto le llama la atención. Se trata de un niño de unos tres años que no para de gritar y patalear por cada cosa que ve.

Grita exigiendo dulces en el pasillo de los dulces, galletas cuando pasan por el pasillo de las galletas, cereales, chocolate, pide todo lo que ve cuando pasa por cualquier pasillo. Junto al pequeño está su abuelo, quien con aparente calma intenta apaciguar la rabieta del pequeño.

Una mujer felicita a un abuelo por el comportamiento que tuvo con su nieto. La respuesta del anciano no tiene precio
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A la vez que el niño grita, el abuelo intenta hacer la compra diciendole en un tono relajado, “Tranquilo William, no vamos a tardar mucho más”. Ante otra pataleta del crío la mujer vuelve a oír, “Cálmate Willian, un par de minutos más y nos vamos”. Justo cuando el anciano consigue llegar a la caja registradora, el pequeño diablo empieza a lanzar las cosas fuera del carro, el abuelo, sin cambiar mucho el semblante, vuelve a dirigirse al niño con una voz muy sosegada, “William, William, relájate hombre, intenta controlarte y no te enfades. Tú puedes. Estaremos en casa en cinco minutos”.

Muy impresionada, la mujer se dirige hasta donde está el señor cargando la compra y al pequeño en el coche. Entonces se aproxima y le dice, al anciano. “Caballero, no es asunto mío, pero has estado increíble, no sé como has aguantado de esa manera”.

“Durante todo ese tiempo ha mantenido la compostura sin importarle los gritos del pequeño. Me sorprendió ver cómo a cada berrinche usted mantenía ese tono tranquilizador y le asegurabas que todo estaría bien. William tiene la suerte de tener un abuelo como usted”. “Gracias”, dijo el anciano, “pero yo soy William. El mocoso se llama Kevin”.

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Fuente: Hrtwarming

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