Una chica de 19 años se encontraba llorando tras perder a sus padres en un accidente, pero luego algo maravilloso sucedió.

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Durante el tiempo que estuve trabajando en Escocia, fui testigo de muchas historias sorprendentes. Por aquel tiempo, estaba asistiendo a un seminario sobre los derechos de los niños adoptados cuando conocí a Amy.

Me senté junto a ella para tomar el almuerzo y le comenté que tenía poca experiencia con personas que habían sido adoptadas. Había ido al seminario principalmente para escuchar.

«Bueno, yo sí que tengo experiencia», dijo con una sonrisa y luego comenzó su historia.

Hace mucho tiempo, cuando tenía diecinueve años sus padres fallecieron en un accidente de coche. Siendo hija única la pérdida de sus padres fue algo devastador. Permaneció durante un años con alguno de sus familiares hasta que finalmente encontró el valor para volver a su hogar.

Una chica de 19 años se encontraba llorando tras perder a sus padres en un accidente, pero luego algo maravilloso sucedió.
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Por aquel tiempo, una nueva familia se había mudado junto a su casa. Amy se encontraba en el porche sin parar de llorar cuando escuchó la voz de una niña pequeña que le preguntó, «¿Por qué lloras? ¿Estás triste?»

La pequeña niña de pelo largo y ojos grandes parecía no tener más de cuatro años. Amy a duras penas logró decir con voz quebrada, «Perdí a mis padres hace un año y por primera vez he vuelto a la casa en la que vivíamos«.

La pequeña, llamada Lois, de repente realizó una serie de preguntas bastante directas que Amy terminó respondiendo casi sin querer. La conversación llamó la atención del hermano menor de Lois, Gary, quien se acercó a averiguar qué estaba ocurriendo.

Ambos le preguntaron si Amy se iba a mudar junto a su casa, a lo que Amy les respondió que en esa casa había demasiados recuerdos tristes y que era muy doloroso para ella.

Lois la miró unos segundos y le preguntó, «¿No fuiste feliz aquí con tu papá y tu mamá? ¿No conservas entonces recuerdos alegres?«

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Amy la miró en silencio durante un tiempo y luego dijo, «Bueno, sí que los tengo. Todos éramos muy felices aquí. Es solo que estar aquí sola sin ellos me hace sentir triste«.

«Bueno, podrías visitarnos cuando quisieses y nosotros podríamos visitarte también, no tienes que estar sola«, dijo la pequeña sonriendo. Lois miró a Gary quien asintió con la cabeza.

Por primera vez Amy estaba sonriendo aquel día cuando un hombre alzaba la voz, «Lois, Gary, ¿dónde estáis?«.

Se trataba del padre de los niños, Mark. Él sabía la historia de Amy, todo el mundo del barrio la sabía en realidad. Aquel hombre aconsejó a Amy que no se desprendiese de la casa y los recuerdos que guardaba demasiado pronto o lo lamentaría algunos años después.

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Amy decidió quedarse en casa durante algún tiempo. Durante la primera semana, los dos niños visitaban a Amy todo el tiempo que podían. Amy se alegraba de verlos ya que la hacían olvidar que estaba sola. Un día descubrió a través de un vecino que la madre de los niños los había abandonado y se había ido con un hombre con el que había trabajado. El padre no lo había superado todavía y por eso a veces estaba un poco amargado. Tras ser abandonados, Mark y sus hijos acompañados de su abuela decidieron trasladarse a ese barrio para comenzar una nueva vida y dejar atrás los malos recuerdos.

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Aunque no lo aparentasen, aquellos niños que la llenaban de felicidad también habían atravesado por momentos difíciles. El hecho de que su madre decidiera fugarse con otro hombre parecía afectar mucho más a Gary que a Lois. Amy no tardó en entender que Lois veía en ella el reemplazo de la madre que había perdido. La abuela era agradable pero no jugaba con ella como lo hacía Amy ni tampoco conseguía que su padre sonriese como lo hacía ella.

Amy terminó mudándose definitivamente a su antigua casa y consiguió recuperar el trabajo que tenía en la ciudad. Gracias a los niños encontró la felicidad que necesitaba para llevar cierta estabilidad. Fue necesario algún tiempo para que Mark dejase atrás su dolor pero con los años su relación con Amy fue mejorando. Amy acompaño a Mark a fiestas del colegio de Lois y a los partidos de Gary. También se emocionó cuando Lois recibió un premio por ser la primera de la clase.

Tras cinco largos años, Mark confesó a Amy, «No puedo imaginar mi vida sin ti«.

«Yo tampoco«, admitió Amy con un beso.

Las conferencias del seminario estaban a punto de comenzar. Amy me sonrió mientras dirigimos las miradas hacia nuestros relojes.

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«Pues sí, tienes bastante experiencia sobre la adopción de niños«, le comenté mientras nos levantábamos.

Amy rió, «No, no es así. Ellos me adoptaron a mí».

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