Se extiende por las redes la curiosa táctica de California para que sus criminales no vuelvan a delinquir tras la cárcel

Si miramos con un poco de perspectiva, podemos ver que los criminales (así como el camino que deciden tomar en su vida) no son solo un problema de orden público. De hecho, mucho de los presos acusados por abuso de drogas a menudo muestran problemas de adicción, por lo que en algunos casos sería más conveniente que fuese tratado como un problema de salud más que como uno criminal.

Las enfermedades mentales también juegan un papel muy importante en algunos crímenes. No se trata de excusar a los criminales, pero si los delincuentes que sufren enfermedades mentales recibieran un tratamiento adecuado, es más probable que no vuelvan a reincidir cuando salgan de la prisión. De hecho, eso es exactamente lo que afirma un nuevo estudio dirigido por la Universidad de California, Berkeley.

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Para realizar el estudio, el equipo decidió analizar la vida de 359 delincuentes que sufrían enfermedades mentales severas durante 8 años para poder conocer cuál era su progresión.

Los sujetos disfrutaron de una «libertad condicional normal» (tras la que fueron sentenciados a realizar trabajos para la comunidad) o fueron puestos en una «libertad condicional especial» en el que los supervisores tenían formación en salud mental que adaptaron el tratamiento a cada caso individual.

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Publicado en JAMA Psychiatry, el estudio explica que los supervisores con formación en salud mental tenían mejores relaciones con los delincuentes, lo que propiciaba que los presos participasen en mayor medida en sus tratamientos y confiasen más en las estrategias de cumplimiento positivas que en los supervisores tradicionales.

Los resultados fueron sorprendentes. Dos años después de haber sido liberados de la libertad condicional, el 51,8% de los que formaron parte del programa tradicional volvieron a ser detenidos. Sin embargo, solo el 28,6% de los delincuentes que participaron en el programa de prueba volvieron a reincidir en sus crímenes.

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Sólo adaptando la atención de salud mental a cada persona, las tasas de reincidencia se redujeron casi a la mitad. Esto no sólo significa que la seguridad pública debe mejorar drásticamente, sino que de esta manera se ahorrarían recursos monetarios y físicos de la red carcelaria que podrían utilizarse en otros lugares.

Lo que nos muestra este estudio es que, cuando los presos son considerados como personas que pueden fallar en lugar de máquinas del crimen, todos salimos ganando. Lamentablemente, muchas prisiones siguen funcionando como industrias con fines de lucro, por lo que unas altas tasas de reincidencia es muy buena noticia para sus negocios.

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Fuente: Iflscience, The JAMA NetworkBerkeley, Vox