Ritmos circadianos: por qué madrugar para trabajar podría estar matándonos lentamente

Una de cada cinco personas en los países occidentales podría estar poniendo en riesgo su salud simplemente por ir a trabajar. Esto se debe a que los turnos de trabajo tan abusivos se han relacionado con la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardíacas, el cáncer e incluso la disminución de la función cerebral.

Los científicos aseguran que nuestros cuerpos están programados para funcionar en ciclos conocidos como ritmos circadianos, y, los cambios en nuestra rutina causados ​​por el trabajo o por viajes de largas distancias, interrumpen esos ritmos.

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Sin embargo, una nueva investigación sugiere que los efectos del trabajo o el jet lag podrían reducirse simplemente cambiando las horas a las que comemos.

La clave de esta teoría es la idea de que cada persona no solo tiene un reloj corporal, sino más bien una compleja red de miles de millones de relojes celulares encontrados en todo el cuerpo.

En los seres humanos y otros mamíferos, hay un reloj dentro de una región del cerebro llamada «núcleos supraquiasmáticos» o «SCN» y hay otros muchos relojes periféricos que se encuentran en otras partes.

El reloj maestro sincroniza los relojes periféricos controlando los ritmos de actividad nerviosa, secreción hormonal, temperatura corporal y comportamiento tales como los ciclos de sueño y vigilia.

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Los cambios significativos que se producen en nuestras rutinas diarias, por ejemplo cuando volamos a otra zona horaria o trabajamos en turnos nocturnos, pueden desincronizar estos ritmos.

A corto plazo, esto puede interrumpir nuestro sueño y patrones de alimentación y hace que nos sintamos cansados. Sin embargo, a largo plazo, los científicos aseguran que pueden contribuir a problemas de salud más graves.

Siempre se ha sabido que comer a diferentes horas cada día, afecta al metabolismo. El cuerpo tiene un ritmo circadiano natural que regula la concentración de azúcar en la sangre, por lo tanto, si ingerimos alimentos a horas muy dispares, se desestabilizará.

En la investigación antes mencionado estudiaron cómo comer a diferentes horas afectaba al comportamiento de 10 varones sanos. Para ello, le suministraron 3 comidas a la misma hora durante 5 días y luego comenzaron a retrasar cada comida unas 5 horas durante los siguientes 6 días.

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Las comidas fueron adaptadas a las necesidades metabólicas de cada participante, y cada comida fue idéntica en contenido calórico. Al final de cada período, midieron sus ritmos biológicos siempre en las mismas condiciones y factores con el fin de que nada afectase a los resultados.

Finalmente descubrieron que el retraso de 5 horas en las comidas causó un retraso de aproximadamente cinco horas en los ritmos de glucosa en sangre. Los marcadores del reloj maestro no cambiaron, pero la forma en que un cierto gen del reloj lanzó sus instrucciones al cuerpo en tejido graso se retrasó después de las últimas comidas.

Así que suponen que el cambio en los tiempos de comida restablece algunos relojes periféricos sin afectar el reloj maestro.

Por lo tanto, cambiar los tiempos de las comidas y la exposición a la luz puede ayudar a que el SCN y los relojes periféricos cambien a la misma velocidad. Esto reduciría la desincronización de los relojes del cuerpo y así se podrían reducir los problemas de salud.

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Fuente: Quartz

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