¿Por qué algunas personas llevan un bastón con dos rayas rojas para caminar por la calle?

Aunque pueda parecer el típico bastón que utilizan los invidentes, la incorporación de una franja roja al bastón blanco, habitualmente utilizado por las personas con ceguera o discapacidad visual grave, evidencia la presencia también de una discapacidad auditiva en el usuario.

De esta manera, este nuevo dispositivo aporta una mayor seguridad en la autonomía de los desplazamientos puesto que le identifica como personas con sordoceguera y, además, facilita su posible comunicación con el resto de personas, conscientes de su discapacidad.

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Silvia Docampo, profesora madrileña que está bastante familiarizada con el bastón debido a que su padre sufre una sordoceguera parcial, publicó hace unos días una imagen en el perfil de Facebook de Apoyo a la Ley de Dependencia y la compartió en el resto de sus redes sociales con el objetivo de concienciar al resto de personas acerca de esta discapacidad y aumentar su visibilidad.

Esta discapacidad puede ser congénita o adquirida a distintas edades y además puede ir asociada a decenas de síndromes o trastornos diferentes, por lo que cada caso de sordoceguera es totalmente diferente.

Algunas personas tienen un mínimo de visión, otras de audición, pero otras carecen por completo de esos dos sentidos. La combinación de estas deficiencias sensoriales generan en quienes la padecen serias dificultades para percibir de manera global y para desenvolverse y relacionarse con su entorno.

En el último año, los sordociegos españoles han acordado utilizar un símbolo distintivo: un bastón blanco con dos franjas rojas que los distingue de los ciegos y que permite adivinar a quien se cruce con ellos que ni las voces ni los pitidos de los coches surtirán el efecto deseado.

Pero si ni ven, ni oyen, ¿cómo comunicarse con ellos? En la mayor parte de los casos, fuera de su entorno familiar, un guía-intérprete es la única opción.

Los casos más difíciles son los de sordoceguera congénita. Las personas que adquieren esta discapacidad en la edad adulta o de manera gradual tienen más facilidad para aprender técnicas comunicativas.

Ejemplos de ello son la escritura en palma (si conocen la forma de las letras), la lengua de signos a distancia (muy cerca y sólo si tienen restos de visión), la lengua de signos apoyada (tocando en todo momento las manos del otro) o el sistema dactilológico (cada gesto de la mano es una letra).

Sin embargo, quienes nacen con ella o la adquieren de muy pequeños crecen y se desarrollan prácticamente sin estímulos y carecen además de referencias anteriores para entender el mundo.

¿Cómo podemos ayudar a una persona sordociega?

Es natural que la primera vez que nos encontremos con una persona sordociega estemos algo desorientados respecto a cómo actuar ante ella.

Los siguientes consejos pueden servir para hacer que nos sintamos más seguros y facilitar así la comunicación:

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  • Lo primero que debemos hacer siempre es darle a conocer nuestra presencia tocándole suavemente en el hombro o en el brazo. Si está concentrado en la realización de alguna tarea, esperaremos hasta que pueda atendernos. Si conserva algo de resto visual, trataremos de colocarnos dentro de su campo de visión.
  • El siguiente paso será identificarnos, decirle quiénes somos, deletreando nuestro nombre.
  • Si utiliza un audífono porque puede entendernos a través de él, nos dirigiremos a él de manera clara y directa, siempre vocalizando bien y evitando los lugares ruidosos.
  • Si no sabemos cuál es el método de comunicación más adecuado, el interlocutor que lo acompaña nos indicará cuál es el que prefiere o el que conoce mejor.

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  • Es necesario que ambos tengamos paciencia. La eficacia en la comunicación aumentará con la práctica, según nos vayamos familiarizando con el sistema elegido.
  • Cuando nos encontremos con una persona sordociega conocida, saludémosla directamente, aunque vaya acompañada. Así se percatará de nuestra presencia y estará encantada de correspondernos.
  • Podemos serle útiles actuando como intérpretes frente a otras personas. Lo más difícil para ellos en estas ocasiones será saber cuándo es el momento adecuado para hablar, por lo que les resulta de gran ayuda que se lo indiquemos.
  • No debemos olvidar nunca despedirnos. Si tenemos que ausentarnos un momento, se lo diremos y le dejaremos mientras tanto en un lugar cómodo y seguro. Nunca lo dejaremos sólo en un sitio desconocido.
  • Cuando caminemos con él, deja que se coja del brazo; por lo general, lo hará por encima del codo para poder seguir mejor nuestros movimientos. Mientras vayamos con él, es conveniente ir avisando los peligros, contando dónde nos encontramos y qué sucede a nuestro alrededor. Si vemos algo que nos parece interesante y que puede tocar, no debemos dudar en mostrárselo.

Si no hacemos nada para evitarlo, estas personas están resignadas al aislamiento ya que no les resulta fácil acceder a los medios de comunicación (televisión, prensa convencional o radio), por lo que la sociedad debe concienciarse con el objetivo de entender y solucionar los problemas de este colectivo.

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Fuente: Heraldo, FESODE, ONCE, El País, Deafblindindicators