El motivo por el que siempre volvía tarde del trabajo es realmente digno de admirar

Hoy te traemos una historia que te hará reflexionar sobre el duro trabajo que hacen estas matronas, aunque muchas veces no se les reconozca. Esta matrona explica cómo su trabajo afecta a su día a día, y por qué aún así, sigue haciéndolo una y otra vez.

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«Soy sólo una enfermera. Una matrona. Suena gracioso, ¿no? Bueno…

Soy sólo la enfermera que está durante el nacimiento de su hijo.

Soy sólo la enfermera que te dio la mano, mirándote a los ojos, y haciéndote sentir la mujer más fuerte del mundo.

Soy sólo la enfermera que diagnosticó que tenías pre-eclampsia severa y siguió la orden de tu médico para darte sulfato de magnesio para prevenir un ataque convulsivo.

Soy sólo la enfermera que monitorizó tu respiración con mi estetoscopio porque conozco las posibles complicaciones.

Soy sólo la enfermera que controla continuamente la respiración de tu bebé y sabe cuando está en peligro.

Soy sólo la enfermera que te tiene en la mesa de cirugía mientras el médico está en el parking, para traer al mundo a un bebé sano.

Soy la enfermera que te hace fotos con el bebé porque estás sola, aunque realmente debería estar haciendo cientos de cosas.

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Soy sólo la enfermera a la que su familia va a volver a echar de menos porque llego tres horas tarde porque has tenido un parte complicado.

Soy sólo la enfermera que mantiene tu dignidad y te hace sentir cómoda cuando estás en un momento muy vulnerable.

Soy sólo la enfermera que convence al obstetra para que te de más tiempo antes de hacerte una cesárea.

Soy sólo la enfermera que espera todo lo posible para llamar al obstetra para el parto y así evitar una episiotomía.

Soy sólo la enfermera que te cogió de la mano y lloró contigo cuando venías del triaje porque a tu bebé no le latía el coraónz.

Soy sólo la enfermera que no ha tenido tiempo para comer ni beber nada desde el café que me tomé esta mañana cuando me levanté a las 5 de la mañana.

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Soy sólo la enfermera que te deja apretarle el brazo mientras te ponen la epidural, mientras te repite, ‘lo estás haciendo muy bien. Vamos. Tú puedes.’

Soy sólo la enfermera que tranquiliza a una madre adolescente, convenciéndola de que será una buena madre.

Soy sólo la enfermera que te apoya mientras le estás entregando a tu bebé a una madre adoptiva. Te veo temblar. Y lo paso mal contigo.

Soy sólo la enfermera que sabe que prevenir una cesárea primaria ayuda a prevenir futuras cesáreas y todos los riesgos asociados a futuros embarazos y, por eso, hago todo lo posible y uso toda mi experiencia para conseguir que tu bebé se ponga en la postura correcta.

Soy sólo la enfermera que te coge la mano y te dice, «Siento muchísimo tu pérdida.»

Soy sólo la enfermera que se ha pasado el viaje a casa entero llorando y a quien su marido ni siquiera le ha preguntado cómo le ha ido el día.

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Él lo sabe.

Hoy.

Cada día.

Siento tu alegría.

Siento tu dolor.

Limpio tus lágrimas.

Calmo tus miedos.

Guardo tus secretos.

Te digo lo fuerte que eres.

Te salvo la vida.

Salvo la vida de tus hijos.

Me duele el cuerpo.

Me duele el corazón.

Y adoro cada minuto.

Pero soy sólo una matrona.

¡Comparte esta bonita reflexión con tus familiares y amigos para que ellos también valoren su trabajo!

Imagen de portada: ShutterstockFuente: hrt warming

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