Las 10 Historias de las últimas personas de culturas y razas que han desaparecido de la tierra

Nada dura para siempre. A lo largo de la historia han habido muchas culturas y tradiciones que se han ido desvaneciendo con el paso de los años. Algunas de ellas desaparecieron de forma natural mientras que otras fueron erradicadas por las guerras, las enfermedades o el cambio constante de la sociedad.

Es por eso que a veces llega el momento en el que la historia de toda una cultura descansa sobre los hombros de un único sobreviviente, el último de su clase.

A continuación te presentamos a 10 personas que tenían (o tienen) el triste honor de ser las últimas de su cultura:

1- Los últimos Shakers

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Historic American Buildings Survey

La Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, conocidos como Shakers o Shaking Quakers, es una organización religiosa originalmente descrita como una rama de los cuáqueros protestantes.

Fundada sobre las enseñanzas de Ann Lee (1736-1784), la comunidad Shaker floreció en los Estados Unidos, llegando a tener alrededor de 4.000 integrantes antes de la Guerra Civil. Se caracterizaban por vivir en comunidad y dedicarse a la oración, la artesanía y la agricultura.

Una de las reglas de la vida de un Shaker era que se le exigía el celibato. La madre Ann veía el sexo como un pecado, por lo que los nuevos integrantes de los Shaker se limitaban a los nuevos conversos.

Después de la Guerra Civil, el número de Shakers comenzó a disminuir y muchas aldeas fueron abandonadas. Desde 2010 solo quedan tres Shakers con vida. Viven en Sabbathday Shaker Village en Maine, donde todavía practican su forma de vida tradicional y mantienen la puerta abierta a cualquier nuevo converso.

2- Truganini, el último de Tasmania

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Anton Brothers

Truganini fue la última aborigen de Tasmania. Su gente había habitado la isla de Tasmania durante 45.000 años hasta que fue prácticamente erradicada por la Guerra Negra (período de conflictos entre colonos británicos y aborígenes de Tasmania a comienzos del siglo XIX).

Dentro de ese contexto apareció un bienintencionado predicador inglés llamado George Augustus Robinson, que pensó que podría proteger a los tasmanos reasentándolos en la isla de Flinders. Para ello acogió a Truganini, la hija adolescente de un jefe aborigen cuyo esposa había sido asesinada por los colonos, para que viajara con él y le ayudara a traducir.

Sin embargo, Robinson finalmente abandonó tanto su misión como a Truganini. Sin ningún lugar a donde ir, ella y algunos compañeros tasmanos recurrieron a la vida delictiva. Tras ser capturados, fueron enviados a la isla de Flinders, que resultó ser más una prisión que un refugio. La población en la isla de Flinders se extinguió poco a poco, y con el tiempo Truganini se convirtió en la última persona de su cultura con vida.

3- El último Navajo en Wupatki

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Jarek Tuszynski

El Monumento Nacional Wupatki de Arizona tiene una historia realmente asombrosa. El área ha estado habitada de forma intermitente durante más de 11.000 años por muchas sociedades diferentes. Más recientemente, los antepasados ​​de la tribu Hopi se establecieron en la zona, seguidos por los Navajos, algunos de los cuales permanecen allí a día de hoy.

La mayoría de los navajos de Wupatki fueron obligados a abandonar sus tierras en 1864. Ese año, el ejército de los EE. UU. reubicó a la fuerza, a muchos de los que vivían en Arizona (Nuevo México), un hecho conocido como «The Long Walk«. Con el tiempo, algunos navajos regresaron y se reasentaron en la zona, hasta que en 1924 el gobierno declaró el área como un monumento nacional.

Solo a los navajos que ya vivían en Wupatki se les permitió quedarse. Stella Peshlakai Smith es una de esas personas. Ella nació en Wupatki solo un mes antes de que el área se cerrara. Cuando muera, su familia tendrá que abandonar su propiedad, ya que no se les permitirá vivir allí. A menos que la ley cambie, Stella Peshlakai Smith será una de las últimas personas en vivir en Wupatki.

4- El último ninja

Jinichi Kawakami es un profesor universitario, director de museo e ingeniero que también afirma ser el último de los legendarios ninjas de Japón. Kawakami comenzó a practicar ninjutsu cuando solo tenía seis años, y llegó a convertirse en el vigésimo primer jefe de los Ban, un clan ninja que se remonta 500 años atrás.

El propio Kawakami asegura que las técnicas secretas ninja no tienen cabida en el mundo moderno. Por lo tanto, no planea nombrar  a un sucesor para que se haga cargo del clan Ban después de que él se haya ido.

En cambio, para ayudar a preservar una tradición tan antigua, Kawakami ha pasado mucho tiempo de su vida estudiando la historia y las técnicas ninja. Actualmente dirige el Museo Ninja de Igaryu, el cual recoge y conserva los rollos secretos de los ninjas.

5- Superviviente del último barco esclavo

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Emma Langdon Roche

Cincuenta años después de que Estados Unidos prohibiera el comercio internacional de esclavos, muchos esclavos seguían siendo contrabandeados ilegalmente al país. Cudjo Lewis era uno de estos. Nacido en lo que hoy es Benín, África, Cudjo fue capturado y vendido como esclavo cuando un rey de una aldea rival atacó su ciudad. Poco tiempo después de su captura fue subido a un barco llamado Clotida que tenía como destino Mobile, Alabama.

Cudjo permaneció como esclavo durante cinco años antes de obtener la libertad. Él y los otros supervivientes del Clotida se instalaron a las afueras de Mobile, en un lugar que compraron a sus antiguos dueños y llamaron African Town. Cudjo fue el último esclavo que vivió en African Town.

6- El último de los Awang Batil

El Awang Batil es una antigua tradición narrativa de Malasia. En el Awang Batil, un cuentacuentos cuenta su historia mientras golpea un tambor de bronce o batil. Por lo general, el espectáculo comienza con la quema de incienso para purificar la zona donde tendrá lugar la narración. El narrador usa máscaras y pañuelos para embellecer las historias, que a menudo son alegres y llenas de humor.

El Awang Batil y otras tradiciones orales similares han ido desapareciendo lentamente, incluso en las áreas rurales, a medida que las personas anteponen la televisión y otras formas modernas de entretenimiento a las tradiciones más antiguas.

Actualmente, solo hay un practicante vivo de Awang Batil: Romli Mahmud. Mahmud no tiene la intención de enseñar su arte a nadie, ya que piensa que los cuentos tradicionales no conectan con la sociedad moderna, por lo que seguramente esta tradición morirá con él.

7- El último Don

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Federal Bureau of Investigations

A principios de la década de 2000, las temidas «Cinco Familias» de Nueva York de la Cosa Nostra eran un recuerdo de lo que fueron. John Gotti, el aterrador líder de la familia criminal Gambino, había muerto en prisión. Los jefes de las familias criminales Genovese y Colombo habían sido encarcelados. Y Little Al D’Arco, de la familia Lucchese, traicionó a la mafia al convertirse en un testigo del gobierno.

El único que perduró fue Joseph Massino, jefe de la familia criminal Bonanno, a quien los medios apodaron «El Último Don«. Massino ascendió en las filas de Bonanno hasta liderar a la familia después de que se produjese una sangrienta lucha por el poder entre facciones rivales.

Fue durante este tiempo cuando se sospechó que Massino había conspirado para asesinar a algunos de sus rivales. Finalmente condenado por estos asesinatos, el Último Don dio de lado a su familia y se convirtió en un testigo del gobierno, tiempo en el que ayudó a los federales a reunir pruebas para acusar a su propio sucesor.

8- El último presidente de Kongo Gumi

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Blueeyespoint

Kongo Gumi era una empresa de construcción japonesa de propiedad familiar que se fundó en el año 578 d.C. La compañía se especializó en la construcción de templos budistas, un trabajo lo suficientemente estable para mantener a la empresa en funcionamiento durante más de 1.400 años.

Durante este tiempo, la propiedad de la compañía se mantuvo dentro de la familia Kongo, siguiendo la tradición japonesa de pasar las riendas al miembro de la familia que se consideraba más capaz de liderar la compañía. Sin embargo, a partir de la década de 1990, el mundo moderno finalmente pudo con Kongo Gumi.

La empresa sufrió grandes pérdidas tras varios malos negocios inmobiliarios al mismo tiempo que la demanda de sus servicios comenzó a disminuir. Masakasu Kongo, el 40° presidente de la compañía, tuvo que tomar la difícil decisión de despedir a sus trabajadores.

Al ver que las deudas solo aumentaban, Masakasu se vio obligado a vender la compañía, convirtiéndose en el último Kongo en dirigir el imperio familiar. Kongo Gumi todavía existe, pero ahora es una subsidiaria de una empresa de construcción japonesa más grande.

9- El último Hakawati

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yeowatzup

Al igual que el Awang Batil, el Hakawati es un espectáculo narrativo realizado por un cuentacuentos (confusamente también llamado hakawati).

Lo verdaderamente interesante del Hakawati, es su naturaleza. En lugar de viajar, el hakawati siempre opera desde el mismo café o cafetería para un público que viaja para escucharlo. Las historias del Hakawati son de naturaleza serial y a menudo necesita múltiples lecturas para completarse.

Se cree que Abu Shadi fue el único hakawati que quedaba en Siria. La mayoría de su audiencia constituía hombres de unos sesenta años que iban a ver representaciones de Hakawati desde la infancia. El propio Shadi decía que una de las causas del declive del Hakawati era que el narrador conectaba mejor con los miembros de la audiencia que son habituales, personas que le responden bien a él y viceversa, sin embargo, ya no hay nadie que acuda a estos espectáculos con la regularidad que esta requiere.

Los cambios demográficos en Damasco y otras ciudades provocaron una caída en los clientes habituales en el café de Abu Shadi, quien mantuvo con orgullo la tradición hasta que falleció en 2014.

10- El último judío de Afganistán

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Zablon Simintov es el dueño de un pequeño establecimiento de kebab en Kabul. El restaurante se encuentra dentro de una sinagoga que Zablon espera poder renovar.

Debido al caos en que se ha sumido Afganistán en los últimos 20 años, muchas minorías religiosas han desaparecido casi por completo en el país. Los cristianos afganos se han ido, y los hindúes también están desapareciendo. Desde el 2005, Zablon se convirtió en el último judío de Afganistán.

Debido a que todavía siente un inmenso cariño hacia su hogar, Zablon permanece en el lugar donde se crió a pesar de que su esposa e hijos hayan emigrado a Israel. Aunque es bien conocido en su vecindario, todavía toma precauciones, como quitarse el casquete cuando sale y no anunciar el hecho de que su restaurante está dirigido por un judío.

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Fuente: Listverse