La terrible historia de los implantes de mama antes de la llegada de la silicona

La mamoplastia de aumento es la operación de cirugía estética más realizada en España. Actualmente, es una intervención muy segura en la que se utilizan implantes certificados y de calidad, pero no siempre ha sido así.

Seguramente recordarás que hace dos años retiraron del mercado las prótesis mamarias Allergan por estar vinculadas con un tipo de cáncer, pero lo cierto es que ahí no termina todo.

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El confidencial

En la década de 1950, los pechos voluptuosos estaban en tendencia. El boom fue en aumento cuando Playboy publicó su primera edición en 1953 con Marilyn Monroe como portada.

El cuerpo de la celebritie era el deseo de todo hombre y la envidia de toda mujer. Las mujeres con poco pecho deseaban hasta puntos insospechados que sus mamas crecieran, y para ello estaban dispuestas a hacer lo que hiciese falta.

No fue hasta 1962 cuando los cirujanos plásticos Cronin y Gerow pusieron en marcha una técnica fiable de aumento de mamas. Timmie Jean Lindsey, madre de seis hijos, fue la primera mujer estadounidense en realizarse con éxito un aumento de senos mediante implantes de silicona.

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Daily mail

Timmie, quien en un principio acudió al hospital para que le borrasen un tatuaje que tenía en uno de sus pechos, asegura que «todo salió perfecto y parecían senos naturales». Ahora, esta anciana de 80 años recuerda el momento de salir a la calle con su pecho recién operado con mucho cariño.

Sin embargo, antes de existir los implantes de silicona, las mujeres hacían auténticas locuras para intentar que sus mamas creciesen.

Durante el siglo XIX, los corsés eran tendencia. Se creía que tenían la capacidad de aumentar los senos de las damas, pero nada más lejos de la realidad. Años más tarde se dieron cuenta de que lo que conseguían con ello era aplastar el pecho y evitar que creciese.

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Shutterstock Pushba

Para contrarrestar los efectos del corsé, las mujeres se aplicaban tratamientos tópicos que prometían ser «elixires de crecimiento» para las mamas. Muchas creían que con manteca de coco o aceite de oliva puro podrían aumentar su contorno.

Estos métodos no son nada en comparación con la técnica que ponían en práctica las francesas para aumentar su busto. Al parecer, a principios de la década de 1900, las mujeres francesas se colocaban grandes ventosas en los senos para conseguir que estos creciesen.

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Messy Nessy Chic

Según dice en el anuncio, esta ventosa «aplica agua para conseguir la contracción de las fibras musculares de las glándulas mamarias sin tocar los pezones». Se suponía que, de esta manera, se reafirmaba el pecho. El anuncio garantiza la facilidad de su uso, pero advierte de que la herramienta sólo funciona en «senos normales».

Por otro lado, antes de que los doctores Gerow y Cronin pusieran en práctica su exitosa técnica de aumento de mamas, las prostitutas japonesas ya se inyectaban silicona por si mismas.

En 1945, los soldados estadounidenses recorrían todo Japón y las trabajadoras sexuales suponían que ellos solo buscaban una cosa: unos senos voluptuosos. Para conseguir atraerles, robaban silicona de los hospitales y se la inyectaban directamente en las mamas. Su espíritu emprendedor era digno de elogio, pero los resultados fueron devastadores. La putrefacción de la silicona provoco que sus senos se gangrenasen.

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Messy Nessy Chic

Decenas de miles de mujeres se inyectaron silicona. Sus pechos se endurecían y tenían que ser operadas de urgencia. Por otro lado, los doctores también intentaron implantarles unas «esponjas» en los senos, pero se encogían con el tiempo, se quedaban demasiado duros y ocasionaban mucho dolor.

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Shutterstock kpakook

Hoy en día, los implantes mamarios son más seguros que nunca, pero es curioso echar la vista atrás y pensar en la cantidad de atrocidades que hacían las mujeres para conseguir atraer a los hombres o sentirse a gusto con su propio pecho.

¿Tenías idea de todo esto? ¿Conoces a alguien que se haya hecho un implante de silicona? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

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Fuentes: omgfacts | Wikipedia | El Universo | El Periódico