La gargantilla, un símbolo de ferocidad y poder femenino

Los chokers (gargantillas) están en plena época de reaparición. Esta simple pieza de joyería o bisutería se ha convertido en un accesorio indispensable, apareciendo constantemente tanto en la calle como en las alfombras rojas. Hemos podido verlos en la semana de la Moda de Nueva York, en Coachella y lo lucen famosas como Kendall Jenner, Gigi Hadid o Beyoncé.

Pero estos collares tienen un pasado mucho más profundo y oscuro que su reciente historia en el grunge de los 90. Mientras que la gargantilla antes era un símbolo de violencia y control, con el tiempo, se convirtió en un símbolo de ferocidad y poder femenino.

La gargantilla, un símbolo de ferocidad y poder femenino
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El origen de la gargantilla se remonta a hace miles de años, y fue usado por las primeras civilizaciones del mundo: el imperio de Sumer, Mesopotamia y el antiguo Egipto. Las mujeres la llevaban para ocultar el cuello, la parte más vulnerable del cuerpo humano. Las mujeres creían que estos collares, especialmente los de oro, eran protectores con poderes especiales.

Las gargantillas fueron posteriormente adoptadas por la cultura europea, pero eran representativas del peligro y la violencia. Una de las más famosas pinturas de Ana Bolena muestra como llevaba un collar de perlas antes de que fuera decapitada. Durante la Revolución Francesa a finales de 1700, las mujeres llevaban gargantillas como homenaje político a los que murieron en la guillotina. En la década de 1860, las prostitutas podían ser identificadas por las cintas que llevaban alrededor de su cuello. Algunas mujeres en Alemania y Austria lo usaban para ocultar el bocio del cuello, como resultado de las deficiencias de estar mucho tiempo en los Alpes.

Durante los años posteriores, las gargantillas se convirtieron en una tendencia real de estilo elaborado. Alexandra, princesa de Gales, fue conocida por usar gruesas filas de perlas y terciopelo para cubrir una cicatriz que le hacía sentirse cohibida. La Reina Victoria, también hizo alarde de este estilo, y se convirtió en un símbolo de riqueza usado por la élite.

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La tendencia de la gargantilla revivió en la década de 1940, como indica el número de Octubre de 1944 de la revista «Life magazine» quien citó que volvía después de 40 años de viuedad. La mujer entonces lo usaron en diferentes estilos, de perlas, encajes de terciopelo y diamantes. Se les conoció como «collares de perro.»

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Durante finales de los años 60 y 70, las estrella de rock integraron las gargantillas en su moda, y ya no solo era cosa de mujeres. Mick Jagger, Jimi Hendrix, Iggy Pop y David Bowie desafiaron las normas de género mediante la incorporación de las joyas en su estilo, lo que influyó en una nueva ola de moda de género neutro.

Con el auge de la escena grunge de los 90, las gargantillas empezaron a ser usadas por estrellas como Britney Spears, Gwen Stefani y Lenny Kravitz. La gargantilla se hizo aún más popular de lo que lo había sido en los años 90, convirtiéndose en un símbolo de una rebelión creciente en la cultura juvenil. Este estilo no solo comunica la libertad y la libre expresión; también se reflejó, consciente e inconscientemente, como el largo recorrido que las mujeres habían recorrido desde la violencia y la opresión a la libertad en la expresión personal y corporal.

Las gargantillas siguen siendo una declaración audaz, como hemos visto recientemente en el video «Formation» de Beyoncé, en el que canta un himno de su identidad cultural como una mujer negra americana. Quizás ha sido el uso más llamativo de la gargantilla para trasmitir el poder femenino.

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Imagen de portada: WikimediaFuente: Dose