Intentaba arreglar el fregadero de la cocina cuando su gato le dio ESTE susto de muerte

Todos tenemos alguna historia que contar con los amigos en la que nuestra mascota es sin duda la protagonista, sin embargo, la que os mostraremos a continuación será muy difícil de superar.

{keyword}
Pixabay

Llamar al trabajo avisando que no podré ir porque estoy enfermo siempre me hace sentir incómodo. No puedo evitar pensar que mi jefe no me cree y piensa que soy un mentiroso.

Hace relativamente poco tenía la excusa perfecta para no ir al trabajo pero mentí porque la verdad era demasiado humillante. Simplemente me excusé diciendo que había sufrido un golpe en la cabeza y que esperaba volver a trabajar en cuanto pudiese.

Para cuando llegase el momento de volver al trabajo, ya me habría inventado una historia que explicase el aparatoso vendaje de mi cabeza. Aunque sea difícil de creer, el accidente tuvo lugar porque hice realidad uno de los mayores deseos de mi esposa, adoptar una cría de gatito.

Al principio, el adorable gatito no supuso ningún problema. Todo iba bien hasta que esta mañana, mientras me duchaba, oí a mi esposa llamándome desde la cocina. «Cariño, el triturador de la basura se ha vuelto a estropear. Échale un vistazo cuando puedas».

{keyword}
Pixabay

«¡Mira si puedes reiniciarlo, sabes perfectamente donde está el botón!», protesté mientras seguía en la ducha.

«¡Me da miedo! ¿Y si arranca y me tritura la mano?», insistió ella.

Hubo un silencio que duró algunos minutos y luego continuó, «¡Vamos!, solo te llevará un segundo…«

Así que terminé saliendo del baño, chorreando de agua, con el culo al aire, esperando terminar pronto aquella estúpida tarea.

Suspirando en voz alta y mostrando un claro gesto de desaprobación ante la cobardía de mi esposa me agaché y metí la cabeza bajo el fregadero para intentar encontrar el botón de reinicio. Eso es lo último que recuerdo haber hecho.

En ese momento fui golpeado sin previo aviso y sin ningún tipo de respeto hacia el estado de desnudez en el que me encontraba. No se me cayó nada encima, tampoco fue el el triturador que comenzó a funcionar sin previo aviso y me asustó, fue nuestro «adorable» gatito que encontró terriblemente fascinante la «bolsita» que cuelga entre mis piernas.

Había estado todo el tiempo en la esquina de la cocina acechándome y no se acercó a mí hasta que no me agaché para intentar arreglar aquel entuerto.

Justo cuando era más vulnerable saltó hacia lo que se pensaba que eran pelotas de juguete para clavar sus garras en ellas. Sus garras se clavaron como agujas, fui incapaz de controlar mis movimientos debajo del fregadero al tener a mi precioso gatito colgando de mi entrepierna.

Lo único que se me ocurrió en aquella situación fue intentar salir lo más rápido posible de mi trampa mortal. Tan rápido como pude intenté levantarme sin pensar que tenía un fregadero sobre mi cabeza hasta que golpeé mi cabeza contra él tan fuertemente que  me dejó fuera de combate.

{keyword}
Pixabay

Cuando desperté, mi esposa y algunos paramédicos estaban sobre mí. No creo que pueda olvidar nunca aquella situación tan bochornosa.

Lo peor de todo fue que, gracias a las precisas y detalladas explicaciones que proporcionó mi querida mi esposa, los paramédicos eran incapaces de aguantar la risa mientras me trataban el golpe de la cabeza.

Después de todo logré sobre vivir a aquella rocambolesca situación y volví al trabajo unos días más tarde.

En el trabajo, mis compañeros intentaban adivinar cuál era la historia que se escondía tras el aparatoso vendaje de mi cabeza, yo simplemente me limitaba a decir que era demasiado doloroso para poder hablar de ello.

«¿Qué te pasa?» Me preguntaban, «¿Te ha comido la lengua el gato?»

Si ellos supieran…

¡Comparte esta divertida historia con todos tus amigos!

Últimos artículos