Esta trabajadora de un refugio de animales se niega a irse de la perrera hasta que un perro encuentre un hogar

Si pensamos en un perro encerrado en una perrera se nos parte el corazón, pero muchas veces no somos conscientes ni de la mitad de lo que sucede realmente. En las perreras los perros tienen interacción con personas y otros perros, son alimentados, están calentitos y tienen un lugar seguro donde dormir por las noches. Mucho mejor que en la calle, ¿verdad?

Quizás no sea  así. Especialmente para los perros que pasan desapercibidos porque hay otros que son más jóvenes, pequeños o adorables, y se pasan meses o incluso años en las perreras.

Estar en este tipo de organizaciones genera un gran daño en los perros, tanto físico como psicológico, y una trabajadora de una protectora se ha querido asegurar de que todo el mundo sea consciente de ello.

Whitney Steele trabaja en la Arizona Animal Welfare League & SPCA (Organización para el Bienestar de los animales de Arizona) en Phoenix, donde conoció a Lana, una mezcla de bullmastiff de 4 años que fue rescatada de la calle siendo aún un cachorro. Por desgracia, sus rescatadores ya no se la querían quedar y la entregaron a la perrera.

Pero después de tanto tiempo viviendo en un hogar, a Lana le costó mucho acostumbrarse a la vida de la perrera. Y para poner las cosas peor aún, en más de 3 meses, nadie ha tenido intención de adoptarla. Viendo que el animal no encontraba un hogar, Whitney decidió hacer que todo el mundo fuera consciente de la situación.

Y esto es lo que hizo…

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Esta es Lana. Después de años viviendo en un hogar, con 4 años fue devuelta a la Organización del Bienestar Animal de Arizona, a donde, como es normal, le ha costado mucho adaptarse.

Ha pasado de ser el perro de una familia a uno de muchos en una perrera. Cuatro meses después de volver al refugio, aún sigue esperando para encontrar un nuevo hogar.

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Viendo su angustia, Whitney Steele, la directora de voluntariado y eventos del refugio, decidió hacer algo al respecto.

En ese momento, Lana era la residente más antigua del refugio, y había sido rechazada en favor al resto de perros. Y Whitney no iba a permitir que esto siguiera ocurriendo.

Así que tomó una medida drástica, pero muy considerada por su parte.

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¡Se trasladó con Lana a la perrera!

Y no por unas horas al día. Whitney pasó con ella las 24 horas del día, siete días a la semana, durmiendo en una cama de perro con Lana.

Además escribió una publicación explicando la situación a los visitantes, a quienes les iba a parecer raro ver a una humana en una de las jaulas de la perrera.

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Esto llamó la atención de muchos establecimientos locales, quienes acudieron a llevarle comida y hablar con ella sobre el tema.

Y con respecto al trabajo, Whitney lo llevó a cabo desde la jaula, donde se llevó su portátil y su teléfono móvil. ¡Incluso tuvo reuniones con otros empleados de la perrera allí!

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Y además, con esta experiencia, aprendió, de primera mano, que significa pasar todo el día encerrado en una jaula.

Después de la primera noche, Whitney echaba muchísimo de menos su casa, y se dio cuenta de que Lana llevaba sufriendo eso mismo cuatro meses.

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Pero para Lana fue una experiencia divertida, tenía una compañera de «habitación».

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Whitney ya tenía varias mascotas, y no podía hacerse cargo de otra y adoptar a Lana. Pero si quería enseñarle al mundo lo dulce y adorable que era.

Y después de tres días de solidaridad con las triste Lana…

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¡Por fin encontró un hogar para ella!

Gracias a la atención que Whitney le prestó al caso de Lana, esta tiene hoy un nuevo hogar y no va a tener que estar triste en la jaula de una perrera nunca más.

Esta historia nos demuestra que a veces hay que tomar medidas drásticas para concienciar al mundo sobre un tema y hacerse notar. ¡Y en  este caso funcionó!

Podéis ver más sobre esta organización en su Facebook, Instagram y en su página web.

Si crees que todo el mundo debería tener el amor por los animales que tiene Whitney…

¡No dudes en compartir esta bonita historia!