Cirujano que pretende realizar el primer transplante de cabeza experimenta con una rata

Hace ya más de dos años, el neurocirujano de origen italiano, Sergio Canavero, saltó a la fama tras afirmar que en poco tiempo podría estar cosiendo la cabeza de una persona en el cuerpo de otra.

A pesar de lo inverosímil que pudiese parecer su afirmación y los numerosos obstáculos que Canavero enfrenta desde el punto de vista ético y científico, el neurocirujano parece estar avanzando a toda velocidad.

El año pasado, realizó lo que llamó un procedimiento de «prueba de concepto» en el que cortó la médula espinal de un perro y luego lo volvió a conectar, intentando así solventar uno de los principales obstáculos para completar el procedimiento en las personas.

En esta ocasión Canavero ha publicado otro estudio igualmente desagradable en el que se detalla como junto a otro cirujano, Ren de Xiaoping, cosieron la cabeza de un ratón al cuerpo de una rata.

El equipo repitió el procedimiento en varios otros animales creando de esta manera numeroso grupo de ratas bicéfalas.

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Por ahora sabemos que la mayoría de los animales en los estudios de Canavero vivieron sólo durante varios días (unas 36 horas de media).

Sin embargo, mantenerlos con vida no era el objetivo del italiano. Según afirma el neurocirujano, cada experimento es solo la prueba de que pronto será posible realizar el procedimiento completo con personas.

Esta hipotética idea ha sido explorada por diversos científicos con objetivos nobles como salvar la vida de personas con enfermedades mortales como la atrofia muscular espinal. Sin embargo, algunos expertos no parecen estar muy de acuerdo con los experimentos de Canavero, «Estos experimentos no apoyan una posible aplicación en seres humanos», opinaba el pasado año el neurocientífico Jerry Silver de la Universidad de Case Western Reserve sobre el papel del italiano.

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Estos son los cinco obstáculos para completar un trasplante de cabeza con éxito.

1- Las cabezas no pueden permanecer vivas por su cuenta

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Africa Studio/Shutterstock

En cualquier trasplante, el órgano que se ha tomado del cuerpo del donante tiene que mantenerse vivo hasta que pueda ser colocado en el cuerpo del receptor.

Tan pronto como un órgano se retira de un cuerpo, este comienza a morir. En estos casos, lo que hacen los médicos es enfriar el órgano para reducir la cantidad de energía que necesitan sus células para mantenerse con vida. De esta manera, utilizando una solución salina fría se puede conservar unos riñones durante 48 horas, un hígado durante 24 horas y los corazones durante unas 5 o 10 horas.

Desafortunadamente, una cabeza no es un órgano aislado. Además de albergar el cerebro, los ojos, los oídos, la nariz, la boca y piel, tiene dos grupos de glándulas: las salivales, que produce saliva y la pituitaria, que controla las hormonas que circulan por todo el cuerpo.

Más de un siglo de inquietante investigación en animales ha demostrado que en el momento de la decapitación, la presión sanguínea en la cabeza disminuye drásticamente y que la pérdida de sangre y oxígeno lleva al cerebro al coma posteriormente a la muerte.

Al parecer, durante las últimas pruebas realizadas con los roedores, Canavero y su equipo afirmaron que trataron este problema manteniendo un flujo constante de sangre entre el roedor que recibió la cabeza, el roedor que lo donó y un tercer roedor.

2- El sistema inmunológico tiene que aceptar la cabeza implantada

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bluebay/Shutterstock

En cualquier trasplante, uno de los principales problemas es la reacción del propio cuerpo del paciente ante el injerto. El sistema inmunológico de la persona que recibe el órgano detecta las sustancias activadoras del sistema inmune, llamadas antígenos, en las células del nuevo órgano. Cuando estos antígenos no coinciden con los que se encuentran en su propio cuerpo, el sistema inmunológico puede desencadenar un ataque a gran escala. Es por eso que casi todos los pacientes trasplantados toman medicamentos inmunosupresores después de someterse a los procedimientos.

Debido a que la cabeza es tan compleja e incluye tantos órganos, el riesgo de rechazo es mucho mayor.

3- La operación tiene que realizarse en menos de una hora

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Durante un experimento de los años 70 que nunca se permitiría hoy, el neurocirujano Robert White trasplantó la cabeza de un mono en el cuerpo de otro. Para ello mantuvo los cuerpos a unos 15ºC durante todo el procedimiento. El mono con la cabeza trasplantada sobrevivió durante ocho días después de la operación, hasta que el sistema inmune rechazó la cabeza.

Según los experimentos de White y el artículo de Canavero, toda la cirugía de trasplante tiene que hacerse en menos de una hora. Canavero señala que ambas cabezas tendrían que ser retiradas de sus cuerpos al mismo tiempo y que los cirujanos tendrían que conectar la cabeza de la persona que quieren mantener viva al sistema circulatorio del cuerpo del donante mientras que ambos cuerpos están sometidos a un paro cardiaco total.

4- Las médulas espinales son increíblemente difíciles de fusionar

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Para que una cabeza pueda comunicarse y controlar un nuevo cuerpo, la médula espinal y el cerebro deben conectarse perfectamente.

Esto no sucedió en el experimento realizado con monos. Aunque el mono era capaz de ver, mover los ojos y comer, sufría una parálisis desde el cuello hasta los pies.

Canavero no está de acuerdo, por supuesto. En una charla de TED habló a cerca de «un pegamento biológico especial» llamado polietilenglicol que podría ser la llave para realizar con éxito la operación. Algunos cirujanos experimentales de las décadas de 1930 y 1940 utilizaron este material para unir las cuerdas espinales de los perros. Sin embargo, esos experimentos implicaban la unión de una cabeza extraña al cuerpo completo de otro perro (dándole dos cabezas), en lugar de reemplazar una cabeza por otra.

El plan de Canavero también implicaría colocar al paciente en coma durante un mes para permitir que las médulas espinales se fusionen. De lo contrario, el «espagueti» (como él la llama) que forma la médula espinal podría torcerse o retorcerse.

Pero un coma tan largo es también un problema potencial, dijo Harry Goldsmith, profesor de neurocirugía en la Universidad de California en Davis. Los comas inducidos por la medicina a menudo provocan infecciones, coágulos sanguíneos y actividad cerebral reducida.

5- La operación tiene que probarse en animales

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Yurchyks/Shutterstock

Antes de que se pueda sopesarse la posibilidad de realizar este tipo de ensayos en personas, todos estos problemas tienen que ser superados en pruebas con animales. Como podrás suponer, tales experimentos se enfrentarían a muchos obstáculos en la mayoría de los países ya que resultan demasiado cruentos para los animales.

Por ahora Canavero y su equipo parecen continuar con sus investigaciones en otros países donde los procedimientos sí son legales.

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Fuente: Iflscience