Catherine Hettinger, la abuela que un día consiguió inventar el primer Spinner

Probablemente ya hayas visto un Fidget Spinner, ¿no? Es un juguete pequeño que casi todos los niños tienen ahora que simplemente gira en los dedos de la mano. Originalmente se comercializó como un dispositivo para las personas con problemas de atención y para ayudarles a concentrarse, pero rápidamente se convirtió en una nueva tendencia.

El negocio del Fidget Spinner ha crecido rápidamente en los últimos meses, ganando decenas de millones de dólares en el proceso. Los proveedores están luchando para satisfacer demandas masivas, y estos juguetes pueden llegar a vale desde 5 euros hasta los 300 o más.

Pero hay una persona que no ha beneficiado de este aumento de la popularidad. Y esa es la inventora del Fidget Spinner.

Catherine Hettinger, la abuela que un día consiguió inventar el primer Spinner
Richard Luscombe/The Guardian

Catherine Hettinger, una señora de Florida, no ha recibido ni un céntimo desde que sacó a la luz su invento hace casi dos décadas. Ella tuvo la patente de los Fidget Spinner durante ocho años, hasta 2005, cuando tuvo que cederla porque no podría permitirse los 400 dólares que costaba la renovación.

«Simplemente no tenía el dinero. Es muy simple», dijo.

La patente fue recogida por otra empresa, que luego los produjo y los comercializó, creando un nuevo accesorio imprescindible.

Mientras las grandes empresas se benefician de su invención, ella tiene que luchar para llegar a fin de mes.

«Varias personas me han preguntado: ¿No estás realmente enfadada? Pero para mí me complace que algo que diseñé sea algo que la gente entienda y realmente funcione para ellos», dijo.

Catherine Hettinger, la abuela que un día consiguió inventar el primer Spinner
Imgur

«Ser inventor es un reto», dice Hettinger. «Sólo alrededor del 3% de las invenciones ganan dinero. He visto a otros inventores hipotecar sus casas y perder mucho. Buscas compañeros de habitación, recibes ayuda de amigos y familiares… Es difícil.»

A Hettinger se le ocurrió la idea en los años 90, cuando sufría un desorden autoinmune que causa debilidad en los músculos. También cuidaba de su hija de 3 años y quería hacer cosas con ella, pero era difícil. Así que tuvo que inventar algo para entretenerla.

Pero aún así, Catherine Hettinger no siente ningún rencor hacia el imperio de los Fidget Spinner y los millones de dólares que han acumulado. Ella sigue trabajando en el mundo de la ingeniería para ganar dinero y dice que no se arrepiente de haber dejado la patente.

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