Una prisionera comparte la oscura realidad de las esclavas sexuales en los campos de concentración nazis

Todos sabemos que la Segunda Guerra Mundial oculta todavía mucha información que nadie sabe o de la que nadie quiere hablar. De hecho, un tema tabú que ha estado oculto durante mucho tiempo ha sido el uso de prisioneras en los campos de concentración nazis como esclavas sexuales para incentivar a los reclutas y que tuviesen un buen comportamiento.

Algunos oficiales nazis pensaron que los hombres trabajarían más duro si les prometían sexo. Forzaron a las mujeres a la esclavitud sexual y establecieron burdeles en los campos de concentración. El numero de mujeres obligadas a convertirse en trabajadoras sexuales oscila entre 300 y 400.

Una prisionera comparte la oscura realidad de las esclavas sexuales en los campos de concentración nazis
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«Nos dijeron que estábamos en el prostíbulo, que éramos afortunadas. Que volveríamos a comer bien y tener suficiente agua. Si nos comportábamos y cumplíamos nuestros deberes, no nos pasaría nada,» cuenta Frau W., una prisionera del campo de concentración nazi de Ravensbrück, que se vio obligada a trabajar como esclava sexual.

La gran mayoría fueron reclutadas por tener un comportamiento «antisocial». Este crimen fue definido por Hitler para incluir a las prostitutas, a las mujeres con lazos políticos sospechosos o relacionadas con judíos.

Los presos no podían asistir al prostíbulo cuando querían. Necesitaban escribir una petición y que le concediesen un permiso especial para visitarlo en un tiempo estrictamente asignado. A las prostitutas se le hacían pruebas regulares de enfermedades de transmisión sexual para evitar brotes en los campos. Si se quedaban embarazadas, estaban obligadas a abortar.

Una prisionera comparte la oscura realidad de las esclavas sexuales en los campos de concentración nazis
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«La ironía es que mientras los nazis intentaban regular la prostitución en las ciudades alemanas, la institucionalizaban en los campos de concentración,» dijo Sommer, el presidente de una exposición dedicada al campo de concentración nazi de Ravensbrück.

Frau W. también cuenta que trabajaba en una pequeña habitación donde recibió hasta 10 hombres en dos horas. Dice que había una mirilla y que los guardas miraban y se reían.

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A pesar de que ese tiempo en el prostíbulo le dejó cicatrices permanentes, Frau W. asegura que los hombres que la visitaron eran decentes por lo general y que algunos solo querían hablar.

Cuando todo finalizó, las mujeres que trabajaban como esclavas sexuales fueron olvidadas ya que no se consideraban prisioneras. La mayoría permanecen en silencio avergonzadas por su pasado.

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Fuente: Ofigenno | Thelocal | Spiegel | Allday | Marthahallkelly