9 Impactantes datos que seguramente no sabías sobre la automomificación que podría durar más de 30 años

Entre el mito y los terrores infantiles, la historia y las películas taquilleras, las momias han caminado con paso torpe, o con habilidades extraordinarias desde hace al menos un par de siglos por los pasillos de nuestra imaginación.

Independientemente de la época a la que pertenezcan o la historia por la que la hayamos conocido, podríamos decir que todas las momias tienen una cosa en común, y es que todas experimentaron el proceso de momificación después de haber fallecido. ¿Verdad?

Pues siento decirte que no. ¿Cómo es esto posible? Al parecer, una curiosa escuela de monjes budistas de Japón tenía por costumbre convertirse en sokushinbutsu («consecución de la budeidad en vida»), es decir, automomificarse mientras aún estaban vivos.

A continuación te mostramos 9 sorprendentes secretos detrás de esta extraña costumbre:

1- ¿Qué motivación lleva a una persona a realizar este acto?

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La primera persona que aspiró a convertirse en una momia viviente fue un hombre llamado Kukai, más tarde conocido como Kobo Daishi. Kukai era un monje budista que vivió hace más de 1.000 años en Japón. Durante su vida, fundó la escuela shingon («Palabras Verdaderas»), una de las escuelas principales del budismo en Japón.

Kukai y sus seguidores estaban convencidos de que el poder espiritual y la iluminación pueden lograrse a través de la abnegación y la práctica de un estilo de vida ascético.

Inspirado por las prácticas tántricas de China, Kukai decidió llevar su estilo de vida ascético al extremo. Su objetivo era dejar atrás las restricciones del mundo físico y convertirse en un sokushinbutsu. Para lograr esto, Kukai tomó ciertas medidas que convirtieron su cuerpo en una momia mientras todavía estaba vivo.

2- Los primeros 1.000 días son difíciles

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Como era de esperar, convertirse en momia requiere seguir un proceso largo y agotador, más concretamente se necesitan 9 años, divididos en 3 etapas de 1.000 días cada una.

Después de que el monje decida realizar la auto-momificación, comienza la primera etapa. El monje cambia completamente su dieta para alimentarse solo a base de nueces, semillas, frutas y bayas. Esta dieta restringida se combina con un riguroso programa de actividad física.

Durante estos primeros 1.000 días, el monje pierde grasa corporal muy rápidamente. La momificación requiere que el cuerpo pierda todo el líquido que contiene. Cuanto más seco, mejor. La grasa corporal tiene un alto contenido en agua que favorece la descomposición después de la muerte.

Los cadáveres con mucha grasa corporal también retienen calor durante mucho más tiempo. El calor fomenta la reproducción de las bacterias que promueven la descomposición. Por estos motivos, la pérdida de grasa corporal del monje es el primer paso en su lucha por alcanzar la eternidad física.

3- Los siguientes 1.000 días son aún más difíciles

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La siguiente etapa está marcada por una dieta aún más restringida. Durante los siguientes 1.000 días, el monje solo come cortezas y raíces en cantidades gradualmente decrecientes. La actividad física es reemplazada por largas horas de meditación. Como resultado, el monje pierde aún más grasa corporal y músculo.

Este esfuerzo para volverse escuálido reducen la descomposición del cuerpo después de la muerte. Las bacterias y los insectos son los dos factores principales que intervienen en la descomposición de un cuerpo.

Después de la muerte, las bacterias dentro del cuerpo comienzan a descomponer las células y los órganos. Aunque estas bacterias hacen que el cuerpo se desintegre desde el interior, los tejidos blandos y grasos del cadáver también propician que muchos insectos pongan sus huevos.

Cuando los huevos eclosionan, los gusanos se alimentan del fallecido dejando solo los huesos y los dientes del cadáver.

4- Debes vomitar hasta tus entrañas

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Sean Pathasema

Durante los últimos días para convertirse en un sokushinbutsu, el monje bebe té hecho con la savia del árbol urushi. Por lo general, esta savia se usa como barniz para cuencos o muebles y es altamente tóxico.

Tomar el té urushi provoca fuertes vómitos, sudoración y micción. Esto deshidrata el cuerpo del monje y crea unas condiciones ideales para la momificación. Además, el veneno del árbol urushi se acumula en el cuerpo del monje, lo que acaba con posibles gusanos e insectos que podrían tratar de infestar el cuerpo después de la muerte.

5- Debes ser enterrado vivo

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Después de 2.000 días de tortuoso ayuno, meditación y consumo de veneno, el monje está listo para abandonar este mundo. La segunda etapa de sokushinbutsu termina cuando el monje es encerrado en una tumba de piedra.

La tumba es pequeña y apenas permite permanecer sentado. Las paredes y el techo son tan estrechos que el monje no puede levantarse ni girarse. Después de que el monje adquiera la posición de loto, sus asistentes cierran la tumba. Lo entierran vivo, literalmente. Solo un pequeño tubo de bambú conecta la tumba con el mundo exterior para que el monje no muera asfixiado.

Se sienta en su agujero oscuro y estrecho con solo una pequeña campana como acompañante. Cada día, el monje toca la campana para que sus asistentes sepan que todavía está vivo. Cuando los asistentes ya no oyen la campana, sacan el tubo de bambú de la tumba y lo sellan por completo, dejando al monje en lo que ahora se ha convertido en su tumba.

6- Los últimos 1.000 días

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Per Meistrup

Durante los últimos 1.000 días, nadie abre la tumba para que el monje pueda convertirse en una momia. La casi inexistente grasa corporal y el tejido muscular previenen la putrefacción que ocurriría en circunstancias normales. Con el tiempo, el cuerpo del monje se seca y se momifica lentamente.

Una vez transcurridos los últimos 1.000 días, la tumba se abre y el monje momificado es retirado del lugar de su muerte. Sus restos mortales son devueltos al templo y adorados como un sokushinbutsu, un Buda viviente. Los sacerdotes llegan incluso a cambiarle la ropa cada pocos años para que el nuevo Buda tenga el mejor aspecto posible.

7- Hay muchas posibilidades de fracasar en el intento

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Desde que Kukai se convirtiese por primera vez en una momia viviente, el proceso de auto momificación ha sido imitado por cientos de monjes, sin embargo, solo se tiene constancia de que apenas unas dos docenas tuvieron éxito en su objetivo.

El camino para convertirse en un Buda es complicado. Durante más de 5 años, el aspirante a sokushinbutsu no come casi nada, casi no realiza actividad física y soporta largas horas de meditación. Es obvio que muy pocas personas tienen el autocontrol y la fuerza de voluntad para sufrir de esta manera durante 2.000 días.

Muchos monjes simplemente se rinden antes de llegar al final, e incluso después de morir existen muchas posibilidades de que sus cuerpos no se conviertan en momias. El clima y el suelo húmedo de Japón proporcionan unas muy malas condiciones para que ocurra la momificación.

A pesar de todos sus esfuerzos, el cuerpo del monje podría descomponerse dentro de su tumba. En estos casos, el monje no sería venerado como un Buda viviente pero sería muy respetado por sus seguidores debido a su gran esfuerzo. Sus restos simplemente serían enterrados nuevamente.

8- El «Quién es Quién» de la Auto-Momificación

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El sokushinbutsu más famoso es probablemente el monje Shinnyokai-Shonin, cuyos restos se pueden encontrar en el Templo Dainichi-Boo en el Monte Yudono. Shinnyokai comenzó a soñar con convertirse en un sokushinbutsu con unos 20 años, momento en el que empezó a restringir su dieta.

Sin embargo, no cumplió su sueño hasta 1784 cuando tenía 96 años. En ese momento, la hambruna de Tenmei hizo estragos en Honshu, la isla central de Japón. Cientos de miles de personas murieron de inanición o enfermedad.

Shinnyokai estaba convencido de que Buda necesitaba un signo de compasión para finalmente terminar con la hambruna. Así que excavo una tumba en una colina cerca del templo y se encerró dentro.

Tres años más tarde, la tumba se reabrió y reveló los restos completamente momificados del monje. Ya fuera relacionado o no con Shinnyokai, la hambruna finalmente terminó en 1787.

9- A día de hoy estarías cometiendo un delito

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La auto-momificación se practicó en Japón desde el siglo XI hasta el siglo XIX, cuando el emperador Meiji decidió poner fin a esta forma de suicidio. De esta manera, en 1877 se promulgó una nueva ley que prohibía la apertura de la tumba de alguien que había intentado convertirse en sokushinbutsu.

Por lo que sabemos, el último sokushinbutsu pertenece a Tetsuryukai. Durante años, Tetsuryukai había practicado un estilo de vida ascético para convertirse en una momia viviente. Cuando la ley fue promulgada, sus pretensiones de repente se volvieron ilegales, aún así mantuvo su costumbre y fue sellado en su tumba en 1878.

Una vez pasado los 1.000 días restantes a su proceso de momificación, sus seguidores tenían un problema. Querían abrir la tumba para ver si Tetsuryukai se había convertido en un sokushinbutsu, pero no querían ir a prisión. Así que se escabulleron a la tumba una noche, desenterraron a Tetsuryukai y descubrieron que efectivamente había cumplido su objetivo.

Para evitar problemas con la justicia, los seguidores de Tetsuryukai cambiaron su fecha de fallecimiento a 1862 (era anterior a la nueva ley). Desde entonces, Tetsuryukai puede ser visitado en el Templo Nangaku.

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Fuente: Listverse