8 Secretos que seguramente no sabías sobre lo que esconde las enormes ruinas de Machu Picchu

Las inquietantes ruinas grises de Machu Picchu son todo lo que queda de esta antigua ciudad de granito construida sobre las nubes. Olvidada durante siglos y ubicada a 2.400 metros en las montañas de los Andes, este prodigio inca forma parte de las 7 maravillas del mundo y es la mejor oferta turística dentro de Perú.

Pero si uno mira más de cerca la planificación casi perfecta de toda la ciudad, se puede contemplar la magistral obra de ingeniosos ingenieros, agricultores y artistas que realizaron hazañas que a día de hoy nos resultaría difícil o incluso imposible de repetir.

Si algo podemos sacar en claro de estas ruinas es que Machu Picchu fue una de las ciudades mejor diseñadas de su tiempo. Fue todo un ejemplo de tecnología que duraría por la eternidad.

8 Curiosidades que quizás no sepas sobre Machu Picchu:

1- ¿Por qué fue construida?

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Existen varias teorías populares al respecto. Quizás la ciudad era un convento sagrado o un lugar de retiro para la realeza. Algunos afirman también que fue la última ciudad inca en resistir a los españoles, que se construyó para representar un paisaje específico de los mitos incas o que estaba destinada a honrar al río sagrado y las montañas que la rodean.

Alguna de estas teorías han sido refutadas, como la que sugería que Machu Picchu fue el último bastión contra los invasores españoles.

La historia del convento se vino abajo en el año 2000 cuando el cementerio del lugar, que antes se pensaba que contenía principalmente mujeres, resultó tener un número igual de cadáveres de hombres. Cualquiera que sea el motivo, el propósito del sitio no duró. Un siglo después de su construcción, la ciudad fue abandonada.

2- Tumbas y más tumbas

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En 2008, 80 tumbas repletas de esqueletos y artefactos fueron descubiertas en dos cementerios escondidos por mucho tiempo cerca de Machu Picchu. La magnitud del descubrimiento se debe al hecho de que el hallazgo de restos humanos y telas incas en ese área son realmente raros.

El continuo saqueo de las tumbas dañaron la mayoría de las telas que envolvían los cuerpos. Sin embargo, a pesar del daño, los investigadores confían en que aún pueden extraer información muy valiosa de los textiles de mayor calidad, como la posición social del difunto.

Los sudarios hechos con lana de llama eran utilizados por las clases bajas, mientras que cualquier miembro de la nobleza habría sido envuelto con el vellón de la vicuña, un primo cercano de la llama.

Los investigadores esperan determinar si los cadáveres encontrados ayudaron a construir la famosa ciudad perdida, sus géneros, sus dietas y las causas de sus muertes.

Conocer quienes fueron podría ayudar a conocer el significado y el poder que tenía Machu Picchu como epicentro del comercio en la región, una pregunta que nadie tiene esperanzas de poder contestar hasta la fecha.

3- Duda del descubridor

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Harris & Ewing

A pesar de que generalmente se suele atribuir el descubrimiento de la ciudad a un profesor de Yale llamado Hiram Bingham (en la foto), puede que ese honor no le corresponda del todo. Mientras buscaba la legendaria ciudad perdida de Vilcabamba, Bingham fue conducido hasta Machu Picchu por unos agricultores del lugar la mañana del 24 de julio de 1911.

Según los arqueólogos peruanos, Bingham debía haber sido consciente de que algunos exploradores de Alemania, Gran Bretaña y los EE. UU. ya tenían conocimiento de la ciudad antes que él, pues incluso dibujaron mapas del lugar.

Bingham nunca declaró categóricamente que fuese el primer extranjero en encontrar las ruinas, pero evitó dar crédito a los exploradores cuyas informaciones lo había llevado hasta Machu Picchu, algo que no fue bien recibido por la comunidad científica.

Machu Picchu pudo haber sido la joya de la carrera de Bingham, pero también fue lo que la mató. Debido a la controversia en torno a cómo llegó a descubrirla y su implacable autopromoción, el reproche académico de sus compañeros llegó a ser tan grande que nunca volvió a hacer otra expedición.

4- El secreto de las terrazas

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Christophe Meneboeuf

A la mayoría de las personas se les ha enseñado que las más de 700 terrazas fueron utilizadas puramente con fines agrícolas, pero también tenían el trabajo de mantener la ciudadela anclada a la montaña.

Su estructura estabilizó las laderas y evitó desastres naturales (derrumbes e inundaciones) que posiblemente habrían acarreado el colapsado de la ciudad. Estas terrazas fueron diseñadas para absorber el agua y drenarla de forma segura bajo la tierra.

La altura de las terrazas no solo daba a los cultivos más luz solar sino que también los protegía de ser arrastrados por el agua o las avalanchas. Las estructuras, muy largas y construidas en granito, absorbían suficiente calor durante las horas del día para mantenerse calientes durante las noches más frías.

Esto evitaba que las raíces murieran y también alargaba el período de crecimiento de cultivos como la papa, la quinoa y el maíz. Otras pruebas también han determinado que las terrazas, después de ser regadas, podían permanecer húmedas durante seis meses, haciendo que la sequía no fuese un problema.

5-Tecnología contra los terremotos

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Los ingenieros de Machu Picchu construyeron la ciudadela teniendo en cuenta que la tierra era (y sigue siendo) muy propensa a los terremotos. Emplearon varias técnicas de construcción que añadía resistencia a la estructura, pero la técnica más simple fue tal vez la más brillante.

Los bloques de piedra utilizados eran ajustados con precisión milimétrica de forma que no hacía falta que se utilizase ningún mortero. Esto permitía que las piedras se movieran durante un terremoto y luego se asentaran en sus lugares originales sin que cayese el edificio. Uno de los datos más impactantes de estos muros es que los bloques están tan estrechamente entrelazados que resulta imposible insertar una hoja de papel entre ellos.

Todavía sigue siendo un misterio cómo fue posible trabajar las piedras tan perfectamente cuando el material principal era el granito, un material extremadamente difícil de trabajar incluso con la tecnología moderna.

6- Las 16 fuentes

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Alexson Scheppa Peisino

Machu Picchu tiene 16 fuentes estratégicamente construidas de acuerdo a diversas creencias sagradas. Estas fuentes reciben el agua de manantiales ubicados a kilómetros de distancia gracias a un sistema de ingeniería que recolecta y redirige el agua hasta la ciudad. Llamada la «escalinata de las fuentes«, los 16 caños crean un ambiente de tranquilidad con la caída del agua que fluye de un nivel al siguiente.

Su propósito, como gran parte de Machu Picchu, no se puede determinar con certeza. Sin embargo, dado que algunos están parcialmente cerradas, es posible que sirvieran como baños para los habitantes y que, naturalmente, también cubrieran las necesidades domésticas de las personas.

7- El hogar del emperador

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Wikimedia

El emperador que gobernaba en el momento en que la ciudad de Machu Picchu fue construida fue el gran jefe Pachacútec. Este poderoso emperador fue el noveno gobernante del estado Inca y quien lo convirtió de un simple curacazgo a un gran imperio: el Tahuantinsuyo.

La estructura dentro de Machu Picchu que correspondería a la residencia del líder inca se puede encontrar en el sector suroeste del complejo. Si el emperador hubiera deseado dar un paseo, los escalones que llevaban desde el edificio real hasta un jardín privado le permitían disfrutar de una gran privacidad. La ubicación de su casa también le proporcionaba a Pachacútec el acceso al agua más limpia de las 16 fuentes.

Varios de los templos, fuentes y otros edificios más sagrados de Machu Picchu rodean los dominios del emperador, tal vez para resaltar la importancia del líder inca.

8- Las estatuas misteriosas

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Wikipedia

El hallazgo de unos documentos antiguos dieron pie a un misterio que todavía persiste a día de hoy. Estos documentos mencionan dos estatuas, una hecha de oro y la otra de piedra, que una vez marcaron la tumba del emperador Inca Pachacútec en Machu Picchu. Eran grandes, sagradas y lamentablemente ya habían desaparecido cuando Hiram Bingham llegó con su pala.

Paolo Greer, un investigador estadounidense, estaba ocupado rastreando los pasos de un saqueador llamado Augusto Berns (Greer creía que había llegado a la ciudad casi 43 años antes que Bingham) cuando encontró algunas de las cartas personales de Berns en la Biblioteca Nacional del Perú.

En estas cartas, Berns describía que fue testigo del derribo de una enorme estatua de piedra a manos de otros saqueadores que tenían la esperanza de encontrar metales preciosos debajo de la efigie.

Si las cartas son reales, la figura de piedra todavía se encontraba en Machu Picchu durante la década de 1860 pero desapareció por el trabajo de un cazador de tesoros alrededor de 1880. Sin embargo, dado que no se puede encontrar evidencias de la existencia de las estatuas aparte de estos documentos y la ubicación de la tumba del emperador en Machu Picchu es especulativo, hay quienes creen que nunca llegaron a existir.

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Fuente: Listverse

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