8 Armas Insólitas y tan macabras que eran capaces de aniquilar a los enemigos en cuestión de segundos

Las historias bélicas que ha vivido la humanidad son tan enrevesadas como las de Game of Thrones e incluso más devastadoras y brutales. A lo largo de los años, el ingenio y la sabiduría de la época se han unido para averiguar cómo apuñalar, mutilar o disparar al prójimo de manera más eficiente, y la verdad es que, si echamos la vista atrás podemos comprobar que se nos ha dado bien.

El esfuerzo por inventar un arma lo más mortífera posible no es algo de ahora. Si te fijas un poco, esos tipos de la antigüedad que salen en los libros de historia eran tan imaginativos como nosotros en cuanto a formas de hacer que sus enemigos mordieran el polvo.

En la guerra vale todo, y así lo demuestran las armas más extrañas que se utilizaron a lo largo de la historia:

1- Gatos cohetes

Antes del 2014, nadie había oído hablar de gatos cohetes. Nadie, excepto Franz Helm, el hombre que los inventó. En algún momento alrededor del año 1530, el maestro de artillería de Colonia, Alemania, decidió escribir una guía militar para la guerras de asedio.

La pólvora estaba empezando a tener bastante impacto en las guerras, por lo que el libro se hizo muy popular en poco tiempo. El manual de Helm contenía descripciones de casi todos los tipos de bombas imaginables, todas ilustradas con coloridos y extravagantes dibujos.

En su guía añadía una sección en la que aconsejaba utilizar a los gatos como máquinas de asedio. «Cualquier gato tumbará la ciudad siempre y cuando provenga de ella», decía. La artimaña se basaba en atar un cohete al animal. En teoría, el gato regresaría corriendo a su hogar y posteriormente incendiaría toda la ciudad.

Si estas cosas realmente sucedieron o no, es una pregunta que la gente todavía está tratando de responder, aunque todo apunta a que no. Según Mitch Fraas, un investigador de la Universidad de Pensilvania que tuvo el placer de ser la primera persona en traducir el texto, no hay ninguna evidencia histórica de que alguien haya intentado hacer lo que sugirió Helm.

2- Escudos-pistola

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Giovanbattista of Ravenna

Incluso en el siglo XVI, cuando el concepto de las armas de fuego estaba aún en pañales, la gente descubrió que la adición de una pistola a cualquier objeto hacía que todo fuese mucho más mortífero. El rey Enrique VIII fue un especial partidario de esta idea, ya que su arsenal real incluía 46 escudos-pistolas como el que se muestra arriba.

Estos escudos eran típicamente discos de madera con una pistola atravesando el centro, aunque cada uno era diferente del anterior. Hasta hace poco, todos eran considerados curiosidades decorativas.

La mayoría de ellos fueron guardados por museos, donde acumularon polvo junto con otras singularidades de la Edad Media. Sin embargo, investigadores del Museo Victoria y Albert del Reino Unido examinaron recientemente el suyo y descubrieron que los escudos podrían haber sido más comunes de lo que la mayoría de los historiadores creían originalmente.

Lo que encontraron fue que varios de los escudos tenían quemaduras de pólvora por donde habían sido utilizados. Al final, sin embargo, tenía más sentido mantener separados los escudos y las armas, por lo que el extraño escudo de arma cayó en el olvido.

3- Cañón de vapor griego

En el 214 a. C., la República romana sitió la ciudad siciliana de Siracusa en un intento por ganar el control estratégico de la isla. El general Marcus Claudius Marcellus dirigió una flota naval de 60 quinquerremes (acorazados romanos) a través del estrecho de Messina en una carga frontal mientras su segundo al mando atacaba desde la tierra.

Cuando el ejército se situó alrededor de la ciudad fue repelido por un adversario imparable: Arquímedes.

Arquímedes siempre estaba tres pasos por delante. Los ballesteros de las paredes exteriores acabaron con la caballería. Al otro lado del mar, la Garra de Arquímedes levantó del agua naves enteras y las rompió en una mar de astillas. Durante dos años, roma libró una batalla épica contra el ingenio científico.

Durante este asedio, se dijo que Arquímedes había ideado un arma tan devastadora que era capaz de incinerar cualquier nave que se encontrase a 150 metros de distancia. Todo lo que necesitaba eran unas gotas de agua.

El dispositivo era engañosamente simple: un tubo de cobre calentado sobre carbones con un proyectil de arcilla hueca. Cuando el tubo se calentaba lo suficiente, se inyectaba un poco de agua por debajo del proyectil. El agua se evaporaba instantáneamente, haciendo que la arcilla saliese expulsada hasta las naves enemigas.

Con el impacto, el misil de arcilla explotaba dispersando productos químicos inflamables que quemaban los barcos de madera.

4- El látigo pistola

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El 17 de marzo de 1834, a Joshua Shaw se le concedió una patente por lo único que podría haber hecho a Indiana Jones aún más peligroso: un látigo con una pistola en el mango. Lo que lo hizo particularmente útil (y potencialmente peligroso) era la forma en que era disparada.

En lugar de usar un gatillo como la mayoría de las pistolas, el arma tenía un botón que debía presionarse con el pulgar. Esto permitía que la persona sostuviese el látigo como haría normalmente y aún tuviese acceso al disparador de la pistola. Por lo general, el gatillo estaba enrasado con el mango, pero cuando estaba armado, el botón sobresalía para ser disparado.

5- Catapulta de torbellino

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Wikimedia

Las catapultas son una de las máquinas de guerra más antiguas de la humanidad, y como sucede con los rifles modernos, había un tipo diferente para cada propósito. Así lo hicieron los chinos, quienes idearon una versión más pequeña de catapulta capaz de alcanzar blancos importantes con mucha exactitud: el xuanfeng o catapulta de torbellino.

Estas catapultas eran lo suficientemente pequeñas como para moverse rápidamente por el campo de batalla, pero lo suficientemente potente como para conseguir una baja con un disparo.

Esto les dio una ventaja estratégica sobre las catapultas más pesadas que, aunque eran mucho más destructiva con un solo disparo, tomaba demasiado tiempo y mano de obra para ser disparada.

6- Hwacha

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Kang Byeong Kee

A principios del siglo XVI, Corea había superado el desafío de la creación de pólvora y fabricaba sus propias máquinas de guerra. La invención principal coreana fue el hwacha, un lanzador múltiples que podía disparar más de 100 proyectiles de una sentada. Las versiones más grandes usadas por el rey podían disparar incluso más de 200.

Quizás el mayor testimonio del poder del hwacha se produjo durante la Batalla de Haengju de 1593. En este enfrentamiento Japón inició un ataque con 30.000 soldados. Haengju, con apenas 3.000 soldados y 40 hwachas fueron capaces de repeler el ataque.

Más de 10.000 japoneses murieron antes de cancelar el asedio, señalando una de las primeras grandes victorias de Corea ante la invasión japonesa.

7- Lanzallamas chino

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Los historiadores generalmente llaman a este arma lanzallamas, pero esa descripción no le hace justicia. Usando un tipo de pólvora baja en nitrato, este arma podía producir explosiones continuas de llama durante hasta cinco minutos.

Sin embargo, fue la adición de óxido de arsénico a la mezcla lo que la hizo completamente letal, ya que el humo tóxico provocaba vómitos y convulsiones. Para colmo, el tubo estaba a menudo lleno de fragmentos de porcelana afilados. Como resultado, el enemigo debía enfrentarse a una laceración instantánea seguida de un abrasador baño de llamas venenosas.

Si no morías de inmediato, tus órganos dejaban de funcionar con el tiempo debido a la exposición al arsénico.

8- Triple arco Arcuballista

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Esta brutal arma era básicamente una ballesta gigante montada en un carro, sin embargo, los brazos del arco no se doblaban como los de una ballesta normal. En su lugar, eran vigas macizas de madera montadas entre madejas retorcidas de cuerda.

Cuando se giraba una palanca, los extremos de los brazos giraban hacia la parte posterior de la ballesta y torcían las cuerdas para crear torsión.

Era una arma inmensamente poderosa, pero un solo arco les parecía insuficiente a los chinos así que instalaron tres. Los registros del período indican que este arco podía disparar un perno de hierro hasta 1.100 metros, más de tres veces la distancia de otras ballestas de asedio.

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Fuente: Listverse