3 Evidentes señales que prueban que sufrimos el Síndrome de la Generación Copo de Nieve

Cuando pensamos en un copo de nieve, a todos se nos viene a la cabeza la imagen de un elemento bello y singular que sin embargo, posee una extraordinaria vulnerabilidad y fragilidad.

Estas dos últimas son algunas de las características que distinguen a las personas que alcanzaron la edad adulta a partir del 2010. Se dice que la generación «copo de nieve» está formada por personas que son extremadamente sensibles a las opiniones que desafían su visión de las cosas y reaccionan con excesiva susceptibilidad a la más mínima ofensa, con escasa o ninguna resiliencia.

La voz de alarma, por llamarlo de alguna manera, fue dada por algunos profesores de Yale, Oxford y Cambridge, quienes notaron que las nuevas generaciones de estudiantes se mostraban particularmente susceptibles, poco tolerantes a la frustración y particularmente dadas a «hacer una montaña de un grano de arena«.

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Lopolo / Shutterstock

Podríamos decir sin miedo a equivocarnos que los niños se parecen más a su generación que a sus padres. Es cierto que para comprender el comportamiento y la personalidad de alguien es necesario conocer la relación que ha mantenido con sus padres durante la infancia y la adolescencia, sin embargo, otras cosas como los estándares y las expectativas sociales juegan un papel fundamental en el desarrollo de algunas características de la personalidad.

Haciendo una pequeña analogía, podríamos decir que la sociedad es el sustrato donde se siembra y crece una semilla, y los padres son los jardineros que se ocupan de hacerla crecer.

Esto no quiere decir que todas las personas de una misma generación respondan a un mismo patrón, pues afortunadamente siempre existen ciertas diferencias individuales. Sin embargo, no podemos negar que diferentes generaciones tienen diferentes características, objetivos, sueños y forma de actuar en consecuencia a las circunstancias en las que vivieron.

Tres errores educacionales que dieron lugar a la generación «copo de nieve»:

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1- Hiperprotección

La vulnerabilidad extrema y la poca resiliencia de esta generación nace en la educación. En términos generales, los niños son educados por padres sobreprotectores, dispuestos a allanarles el camino y resolverles cada problema por pequeño que sea.

En consecuencia, estos niños no tienen la oportunidad de enfrentar las dificultades y conflictos que les plantea el mundo real, por lo que les resulta imposible desarrollar tolerancia a la frustración y resiliencia.

 2- Percepción exacerbada del «yo»

Otra característica que define la educación que reciben las personas de la generación «copo de nieve» es que sus padres los han hecho sentir muy especiales y únicos. Aunque es magnífico sentirnos únicos, debemos recordar que la singularidad no nos otorga derechos especiales sobre los demás.

Una percepción exagerada del «yo» puede dar lugar al egocentrismo y la convicción de que no es necesario esforzarse demasiado, al fin y al cabo, nuestra singularidad nos garantiza el éxito.

3- Inseguridad y catastrofismo

Una de las cosas que caracteriza a la generación «copo de nieve» es que exigen la creación de «espacios seguros«. Estas personas sienten miedo a la hora de enfrentar el mundo debido a su falta de experiencia, la sobreprotección que han recibido y al pensamiento de ver un posible abuso en cada acción que no vaya en su propio beneficio. Esto los lleva a cerrarse en una burbuja de cristal para crear un espacio donde se sientan seguros.

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Los niños se fijan en sus padres para resolver muchas de las experiencias que viven. Esto significa que una cultura paranoide, que ve abusos y traumas detrás de cada acto y reacciona con hiperprotección, en realidad genera niños traumatizados.

Estas personas no han desarrollado suficientemente la tolerancia a la frustración, por lo que el menor obstáculo los desalienta. Tampoco han desarrollado una inteligencia emocional adecuada, por lo que no saben cómo manejar las emociones negativas suscitadas por determinadas situaciones.

Como resultado, se vuelven más rígidos, se sienten ofendidos por diferentes opiniones y prefieren crear «espacios seguros» donde todo cumpla con sus expectativas.

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También están más inclinados a adoptar el papel de víctima, considerando que todos están en contra de ellos o están equivocados. De esta forma, desarrollan el hábito de cargar la responsabilidad sobre los demás en lugar de hacerse cargo de sus propias vidas y cambiar lo que necesiten.

El resultado es también que estas personas son mucho más vulnerables al desarrollo de trastornos mentales, desde el estrés postraumático hasta la ansiedad y la depresión. De hecho, no es extraño que la cantidad de trastornos del estado de ánimo aumente año tras año.

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Fuente: Psychology Spot