Un carpintero aprende una lección inolvidable tras aceptar el último trabajo de su vida

Esta es una de esas historias que hemos escuchado muchas veces y que, aún así, siguen haciéndonos reflexionar.

Pedro, un carpintero de 65 años residente en Murcia, estaba deseando que llegase el día en el que pudiese retirarse.

Llevaba toda su vida trabajando en la misma carpintería y sentía que había llegado la hora de disfrutar el tiempo con su mujer y ver a sus nietos crecer.

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El 30 de septiembre de este año decidió dar la cara y decirle a su jefe que ya no podía más, que quería dejar el trabajo y vivir una vida más tranquila.

Le hacía falta el dinero, pero necesitaba retirarse porque sentía que su físico ya no podía con tanta carga laboral.

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Su jefe no quería que se fuese, era un gran carpintero y le hacía mucha falta para su empresa, aún así cedió sin poner pegas. Antes de que se fuese, le preguntó si podía fabricar los muebles de una última casa como favor personal. Pedro le dijo que sí, aunque en el fondo no le hacía gracia.

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Con el tiempo, se hizo evidente que estaba trabajando sin ganas, no le estaba poniendo a ese trabajo el entusiasmo que le había estado poniendo al resto durante toda su vida. Recurrió a materiales de mala calidad y comenzó a hacer chapuzas para terminar antes. Desde luego, fue una manera muy desafortunada de terminar su carrera profesional.

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Cuando Pedro terminó su trabajo, su jefe llegó para ver cómo había quedado la casa. Cuando terminó de verla, se dirigió a Pedro y le entregó las llaves de la puerta principal: «ésta es tu casa», le dijo, «es mi regalo para ti».

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Pedro se quedó sin habla, no se lo esperaba para nada. Si hubiese sabido que estaba haciendo muebles para él mismo, habría hecho todo de manera diferente. Se había pasado tres semanas haciendo muebles de baja calidad y sin ganas cuando podría haberse esforzado un poco más y ahora tendría una preciosa casa bien equipada.

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Así es, muchas veces por pereza o por falta de ganas, no damos todo de nosotros y nos conformamos con algo mediocre cuando podríamos conseguir mucho más. Cada día vamos construyendo nuestro futuro, martillazo a martillazo, clavo a clavo, tal y como hacía Pedro. Nuestra actitud y nuestras decisiones en el presente definirán nuestra vida, y hay veces que no somos conscientes de ello.

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Recuerda: «trabaja como si no necesitaras el dinero, ama como si nunca te hubieran herido y baila como si nadie te estuviese mirando».

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Fuente: rolloid